Una moneda de 25 pesetas con una inscripción de Sevilla ’92, un cordón negro que la atraviesa por el centro y un sonoro letrero que agita un ¿Porqué llegaste tan tarde? y ¿porqué no me esperaste? como respuesta. Una secuencia que se repetía. Un código que auguraba que no sólo eran trece años de distancia.

Cada relieve en la moneda proyecta las noches en las que aún seguía llevándome un jazmín que arrancabas para que durmiera conmigo. Cuando un baile en Pueyrredón y corrientes sobre la boca del subte. Cuando un guiño en forma de sonrisa cómplice. Cuando interpretar personajes en una avenida. Cuando una cocina enharinada por juego de chicos. Cuando una salsa con sal, cuando el deleite de un café batido. Cuando Macaya y Araujo relataban el mejor partido sin tabúes Cuando un accidente combinó música e imágenes. Cuando un recibirte con desesperación. Cuando despedirte con furias y enojos que camuflaban el deseo de tenerte. Cuando esta pregunta y repuesta reemplazaban una frase habitual, cuando esa frase sonaba a poco. Llego al nudo del cordón y advierto que la pregunta era deseo de de no haber llegado tarde, era ansiedad de que me esperaras.

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