jigsaw

Es tan simple y tan complejo a la vez. Como aquella descripción en la que coincidieron las despedidas que le realizaron: “ella ama y odia con la misma intensidad” “es la más dulce y la más brava” “oso dormilón y Meteoro”, una rara conjunción de opuestos.

Amante del vértigo y la paz, desafiando una y otra vez su suerte de niña con ángel de la guarda agotado.

La rutina la asusta tanto como las páginas en blanco. Se muere en un grito sordo de auxilio que nunca reconocerá. Conoce sus fuertes y aún así se paraliza ante una agria sensación de impotencia.

Nunca pudo distinguir el sentido que sus manos indicaban, ni la coordinación del tiempo, las dimensiones de su cuerpo en el espacio. Activa y eficiente desde la propia torpeza incuestionable.

Ansiedad de hacer y no. Sin matices, con sueños de niña y decepción de mujer. Con la frente abollada de “conductora suicida”, de caminos propios, de limitaciones que comprende y no admite.

Abogada defensora y rudo fiscal de sus seres queridos se encarama en el podio desde donde acusa o defiende con el mismo ardor, desde la verdad propia que intenta que denodadamente sea la de todos.

Un puzzle difícil de armar desde la lógica. Un enigma… con la fascinación de lo indescifrable, con el desafío de lo distinto, con tintes de simpleza y finales impensados.

Mujer que llora sus desconsuelos sobre la misma almohada que abraza desde niña, en la que besó sus logros, en la que escondió sus miedos. Temeraria y temerosa, luchado entre un si y un no, entre lo que es y lo que debe y lo que quiere ser.

Un perfil sin terminar, apenas esbozado sobre un atril, que va cambiando colores, con sus luces y sus sombras. Un cuadro que, como un pintor desconforme rompió un día, decida a proyectarse y aún no termina.

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