Frio, escalofríos, como si bulleran dentro. Llámalo alma, llámalo como quieras pero algo que como el hielo, me quema de frio. Me supera, me ahoga me inquieta, me inmoviliza. No estoy pudiendo o no estoy queriendo, odiar borrar correr huir salir. No puedo más que intentar desesperadamente calmar este frio, calentarme, dejar de tiritar de dolor. SolA ,  me cubro los ojos para llorar, como si eso me abrigara. Ni el humo del cigarrilo, ni un whisky, ni una manta ni el fuego hacen mella a este frio. Cálmame por favor alguien o algo que me ayude a calmar este frio que no me deja seguir, que no me deja. Me cubro los labios para no gritar pero el sonido no esta ahí, esta adentro, es el frio el que grita, araña, rompe, destroza, me desgarra.

Acuden a mi, esos brazos que antes consolaban y se desmoronan al lado, y lloran conmigo se arrojan y comparten el frio, amputa las esperanzas y no sólo las mías.

Escucho cobardía, no entiendo. Veo desidia, no la quiero. Quiero acomodar cada pieza, completar la imagen. Pero en este rompecabezas hay piezas que no tienen su lugar, que no encajan. Donde va este amor que no me deja, donde estas ganas de vos ¿donde? Donde esta imposibilidad de odiarte, donde este necesitarte. No puedo completar, no puedo alejarme, no puedo correrme, no puedo desecharte.

Esa mañana, me desperté. Completa. Entera. Miraba hacia adelante. Pero se ve que a este amor no le alcanza, necesita tormenta, se alimenta con los cuervos, se nutre del caos. Cuando las raíces permitieron que brotaran las primeras ramas, en ese mismo instante alguien las arrancó de cuajo.

Me pediste que confiara, que me desnudara, que me expusiera ¡¡¡ soy YO!! Afirmabas como si eso fuera suficiente, como si dijeras “soy yo, te conozco, te amo, nunca te haría daño, nunca diría nada que te lastime, dale, desnúdate para mi, jugá conmigo, anímate”  y empecé de a poco, y me lance, y te entregue mis deseo, mis ganas, mis sueños, sin mascara, así entero, crudo y me miraste como sonriendo. Fui más allá, más allá de mis miedos.

Escuche que alguien abre la puerta de la habitación, entra y me dice, que no estamos solos  y se ríe de mí, de mi atuendo, de mis gestos de amor, de mis sueños. Y se mete en mi cama y  me viola, me disfruta, me goza. Y espera que me vaya así, que abandone la casa, desnuda,  con la carne viva,  pero antes me mira, me juzga, y  me entrega en una caja mis miedos, mis miserias, mis culpas, como recordándome que no debería haberlos dejado nunca, que de nuevo me cubra.

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